El cuerpo humano está diseñado para moverse y no estamos cumpliendo con su propósito. Las innovaciones tecnológicas que nos facilitan el día a día, hacen que cada vez dependamos menos de nosotros mismos para cumplir con cualquier labor, teniendo esto consecuencias negativas para nuestro organismo.

Más allá de aquellas consecuencias con más repercusión del sedentarismo como son la obesidad, problemas cardiacos, osteoporosis o diabetes, existen otras a nivel mecánico que se traducen en problemas de movilidad y dolores localizados. Estas se producen por falta de uso de estructuras para las que el movimiento ejerce un papel tan esencial como lo es engrasar la cadena de una bicicleta. Hablamos de estructuras como las articulaciones, entre las que destacamos el hombro y la cadera como las más móviles e imprescindibles. Un déficit de movimiento en ellas puede aumentar el riesgo de lesión directamente en las mismas o en zonas periféricas como puede ser, por ejemplo, problemas en la rodilla por una mala rotación interna en la cadera.

Una de las claves para que estas articulaciones se muevan de manera segura es que necesitan de otras que les den estabilidad y puedan proteger las estructuras periféricas y aislar el movimiento para hacerlo más efectivo. Entre estas destacaremos:

  • La cintura escapular como principal estabilizador del hombro: constituye la conexión del miembro superior y el tórax a través de la unión de la escápula y la clavícula. Su función es vital para evitar que nuestros hombros caigan hacia adelante y adoptar una posición de cifosis dorsal que supere la normalidad anatómica, con sus respectivas consecuencias sobre los ligamentos de la articulación o dolores cervicales y dorsales.
  • CORE y glúteos como estabilizadores de la cadera: formado por un gran grupo de músculos de la zona abdominal y lumbar, la principal función del core es proteger nuestro cuerpo dando estabilidad mejorando nuestra postura y realizando una transmisión de fuerzas en múltiples movimientos. Podríamos hablar de una faja natural que, con un buen funcionamiento de la misma, junto con los glúteos, permitiremos una correcta acción de nuestra cadera y, por tanto, también de nuestras rodillas y tobillos. Podríamos reducir el riesgo de lesión en estas estructuras y, sobretodo, en nuestra columna vertebral.

Sabemos que resulta imprescindible el trabajo de fuerza de todo nuestro organismo y parece que incluir una parte específica de movilidad y estabilidad dentro de nuestras sesiones no solo mejorará la calidad de nuestros movimientos, sino que también se produce una mejora en la transmisión de fuerzas, siendo más efectivo a nivel de ganancia de fuerza y funcionalidad.

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